lunes, 10 de septiembre de 2012


Según Scarano (2004), Puerto Rico tiene cinco siglos de historia. Nuestra cultura ha sido producto de los múltiples grupos que en un momento dado, han habitado la isla. Es por eso, que nuestra raza es una con una amplia gama de texturas de piel, de costumbres, rituales y creencias. No me gusta entrar en comparaciones por no herir la sensibilidad de nadie, pero James Town el primer campamento en la costa este de los Estados Unidos fue fundado En Mayo 14, 1,607s. Puerto Rico fue descubierto por Colón el  19 de Noviembre del 1,493 casi 115 años antes.
     Entiendo que la cultura, las religiones y las costumbres de los norte americanos son diversas y cuantiosas, pero debemos mirar la geografía. Estados unidos es mucho más grande, la expansión de los campamentos abrió paso para que se formaran más colonias y por un tiempo, el norte y el sur estuvieron en guerra por la diversidad de sus idealismos.
      Puerto Rico, aunque también ha sido bombardeado por cantidades de costumbres, religiones, creencias, ritmos y razas, es apenas 100 X 35. La integración ha sido más sigilosa. Nuestra sazón es uno, nuestro idioma es uno y aunque haya diversidad de opiniones políticas o religiosas, al final del día, somos boricuas. Hemos, como nación sido resilentes y nos hemos fusionado satisfactoriamente. La batata, la conga y la santería son un legado africano, la yuca, la hamaca el casabe y la piel bronceada es nuestra herencia Taina, mientras que el idioma, el catolicismo, la piel clara y la guitarra. Lo heredamos de nuestras raíces españolas. Nos hemos adaptado bien, aunque haya grupos que se resistan. Hemos sido influenciados grandemente por norte América, ya que aquí en la isla prácticamente estamos americanizados. Somos parecidos en muchas cosas y sé que toda cultura es digna de ser admirada, pero orgullosamente digo que mi pueblo es uno alegre, luchador y amoroso.
     Tanto estoy seguro de esto, que cierro diciendo, que hemos aprendido a amar, o mejor dicho a perdonar a nuestros propios carceleros.

Miguel A. Soto BSW




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