domingo, 2 de marzo de 2014

“Saliendo del Hoyo y Echando Pa' Alante “


“La Casa de Nuestra Gente”

Presenta:


“Saliendo del Hoyo y Echando Pa' Alante “

(Con Pocholo)
 
 

            Había una vez en un pueblo muy, muy lejano un joven llamado Pocholo. Pocholo vivía en una casa enorme con su madre, hermanos, (Raúl, Carlos y Melvin), y con un perro llamado Bobby. A Pocholo le encantaba ver televisión, jugar con sus hermanos y escuchar su música favorita. Pero secretamente, Pocholo se sentía diferente a sus hermanos.  Desde muy joven, Pocholo tenía que tomar medicamentos, no les gustaban, pero si no los tomaba, se ponía nervioso, agresivo y no podía dormir.
                                                              


 

                 Una tarde, Pocholo decidió no tomar más sus medicamentos. Decía que le provocaban sueño, lo hacían sentir cansao y pasaba mucho tiempo en la cama. Así que decidió engañar a todo el mundo y fingir que se tomaba los medicamentos, (en realidad, los escondía para echarlos a la basura).

            Así pasaron días y aunque la familia de Pocholo lo notó nervioso, ansioso y un poco agresivo, nunca se imaginaron del engaño que él les hacía. 

           Un día durante el almuerzo, Pocholo y sus hermanos disfrutaban de un arroz con chuletas fritas. Todos estaban sentados a la mesa cuando Melvin, (el hermanito menor de Pocholo), le derramó el refresco a Pocholo sin querer. ¡Pocholo se puso furioso! En un ataque de ira se puso de pie y gritó, “¡Mira lo que has hecho estúpido!...¡Te Odio!”, En ese instante la madre de Pocholo quiso intervenir para detener la discusión, pero Pocholo estaba fuera de control, agarró un cuchillo y amenazó a todos con ¡hacerles daño! “¡No se me pegue nadie!... ¡El que me diga algo lo voy a cortar!”. Todos sintieron mucho miedo…no entendían por qué Pocholo estaba tan furioso.

                                                                   


             La madre de Pocholo, Doña María, sabía que Pocholo era un muchacho bueno, así que siguió suplicándole, hasta que Pocholo le entregó el cuchillo y aceptó que ella lo llevara a ver al DOCTOR Maldonado quien era (Psiquiatra).

             Ese día, el psiquiatra examinó a Pocholo y luego de hacerle muchas pruebas y más de 100 preguntas, le dio una noticia muy triste a la familia de Pocholo. El psiquiatra les dijo, “Sra. María, por el bien suyo y de sus otros hijos, no es recomendable que Pocholo continúe viviendo con ustedes, es mejor que lo dejen viviendo en este hospital psiquiátrico”.

                                                               


              Pocholo y su familia lloraron mucho, fue el día más triste de sus vidas, pero se tuvieron que despedir. Pocholo estaba triste, tenía coraje y no quería seguir en ese hospital encerrado como un preso, así que una noche, se hizo el dormido y cuando todos estaban descuidados, saltó por una ventana y escapó de aquel hospital psiquiátrico.

               Corrió por callejones oscuros, cruzó como 50 calles, pasó por debajo de un puente y finalmente, cuando sintió hambre y sueño, se quedó dormido en una parada de autobuses, cerca de una plaza pública.

                 Pocholo estaba perdido, no tenía dinero, comida, ropa y no tenía ni adonde refugiarse de la lluvia. En las calles existían muchos peligros. Siempre había uno que otro buen samaritano que le daba un pedazo de pan, pero había muchas otras personas malas que lo molestaban y le decían cosas feas. Pocholo estaba muy angustiado y realmente no sabía qué hacer, llegó hasta a  pensar que moriría en una de esas calles de ese lugar llamado SANTURCE.
                                                          


 

           Nunca olvidará aquella guagua blanca y aquella trabajadora social de ojos brillantes y sonrisa amable llamada Maricruz….Esa trabajadora social, le hablaría de un lugar que le cambiaría la vida.

          Fue una noche lluviosa y fría cuando aquella amable trabajadora social le habló por primera vez de “La Casa de Nuestra Gente”. Fue sincera, le dijo que en el centro, lo ayudarían brindándole un lugar seguro donde dormir, comida, atención médica, servicios psicológicos y de trabajo social y le aseguró que si él lo deseaba, podía apoderarse de su vida y volver a ser la persona alegre y feliz que siempre fue. Pocholo no lo tuvo que pensar dos veces, esa misma noche, comenzó su proceso de evaluación e ingresó a “La Casa de Nuestra Gente”.

                                                                      
       

“Pocholo llega a La Casa De Nuestra Gente”

                La primera vez que Pocholo llegó al centro, estaba tan feliz que hasta quiso cantarle una canción a Margarita, (La Jefa). Estaba tan agradecido de no tener que dormir en las calles, que quiso seguir todas las reglas y siempre se preocupaba por limpiar sus áreas, recoger su cama y hasta ayudaba a acomodar las mesas y las sillas en el comedor. Pocholo estaba muy feliz. Comenzó un tratamiento psicológico y empezó a tomar sus medicamentos nuevamente. Poco a poco, Pocholo volvió a encontrar la alegría que se le había perdido en las calles de ese lugar llamado Santurce.

                                                            


            Una tarde, unos participantes del centro comenzaron a romper las reglas, comenzaron a fumar en las habitaciones, no querían bajar a tomarse los medicamentos y empezaron a quejarse porque la comida estaba salada. Pocholo no sabía qué hacer, no quería ser diferente ni rechazado, así que comenzó a romper las reglas también.

 


                                                                
            Cuando el guardia de seguridad se, percató del humo que salía del cuarto, fue a regañar a todos los que se encontraban fumando, en ese momento todos los que estaban en la habitación dijeron, “¡aquí el único que está fumando es Pocholo!”. Pocholo no sabía qué hacer, se sintió muy triste, estaba a punto de ser expulsado y sentía mucho miedo de regresar a vivir en las calles. 

“Ayudemos a Pocholo” 

            Pocholo necesita de la ayuda de sus buenos amigos. Tenemos que ayudarlo a adaptarse.

1.    ¿Qué hizo mal Pocholo?

2.    ¿Qué Puede Hacer Pocholo Para Mejorar?

3.    ¿Cómo puede Pocholo Hacerse Parte de La Solución?


Recuerda: La mejor manera de ayudar a Pocholo es dándole el ejemplo.

¿Cuáles ejemplos queremos modelarle a Pocholo?

“Coloreando a Pocholo”

Vamos a colorear a Pocholo. Ya tuvimos la oportunidad de conocer a Pocholo, pero nos dijeron que en “La Casa de Nuestra Gente” existen artistas talentosos que tal vez puedan colorearlo…así, se nos hará más fácil ayudarlo.

Todos…¡Por Favor! Que no se nos quede ni uno…vamos a colorear  juntos…¡Pocholo nos necesita!



 

 
 

“La Trabajadora Social Recibe Una Llamada”

 (Ring)….(Ring)….Hello…¿quién? La voz en la otra línea  era Margarita Guzmán, la directora de “La Casa De Nuestra Gente”. Estaba muy contenta, porque gracias a los consejos y sugerencias que el grupo le dio a Pocholo, Pocholo pudo mejorar a tal grado, que comenzó a bañarse, a limpiar su cuarto, a ser gentil con las personas y a ayudar en el centro a todo el que lo necesitara. Margarita gritaba de la alegría y hasta expresó que ¡Pocholo hasta consiguió un trabajo, está comenzando a estudiar y se rumora que tiene una novia muy bonita!....¡¡¡BRAVO POCHOLO!!!

                                                         



“Gracias”

        Nosotros los practicantes de trabajo social les damos las gracias porque con su ayuda, logramos ayudar a Pocholo a cambiar su vida y a adaptarse mejor a las normas y requisitos del centro. De esa manera, Pocholo logró sacarle el mayor provecho a los servicios que ofrece “La Casa De Nuestra Gente”.

            Ya que hemos visto este gran acontecimiento, creo que todos sabemos que si Pocholo pudo hacerlo, ¡Tú puedes hacerlo también!

Fin 

Cuento producido, ilustrado y narrado por Miguel A. Soto Córdova, estudiante a nivel de maestría en la Universidad Interamericana Recinto Metro, con la finalidad de que sirva como instrumento para intervenir con los pacientes de salud mental, participantes del programa “La Casa De Nuestra Gente”. 26/02/14

 Gracias,
Miguel A. Soto Córdova BSW

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