Entiendo la importancia de las pruebas de
aptitud y se me hace obvio que cada individuo es único e irrepetible. Cada
persona posee unas características exclusivas que en ocasiones son producto de
su genética, o tal vez de su formación. Los seres humanos, no importa la edad,
raza, preferencia sexual, credo, religión, o la falta de esta última, somos
iguales porque somos de una misma especie, pero a la vez, somos diferentes
debido a nuestro ambiente, cultura y moral, en fin, debido a nuestra formación.
Por lo tanto, no todos vamos a ser aptos para practicar el tenis, ni para ser
astronauta. Tener metas, sueños y caprichos es común, la logo terapia de
Frankel nos dice que es hasta saludable, pero la realidad, lo empírico, lo
verídico del asunto es que perderíamos menos tiempo persiguiendo metas
inadecuadas, por no decir sueños inalcanzables.
Por otro lado, las pruebas de aptitud muy
bien pueden beneficiar a la sociedad a un mayor nivel, si le son suministradas
con mayor frecuencia a las personas que ocupan lugares de poder y/o que son
responsables de velar por la seguridad pública. Hacen unos años un policía
enfurecido fue captado por un video de un teléfono celular, cuando a sangre
fría le descargó su arma de reglamento a un padre de familia y ciudadano
decente. Estoy seguro que esa víctima inocente y sus hijos hoy huérfanos y otras
como las del caso de la Sra. Carmen Paredes, hubiesen sido algunos de los
muchos que se habrían beneficiado si pruebas de aptitud se les administraran a
las personas que cargan armas de fuego.
Miguel A. Soto BSW
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