martes, 2 de octubre de 2012


Entiendo la importancia de las pruebas de aptitud y se me hace obvio que cada individuo es único e irrepetible. Cada persona posee unas características exclusivas que en ocasiones son producto de su genética, o tal vez de su formación. Los seres humanos, no importa la edad, raza, preferencia sexual, credo, religión, o la falta de esta última, somos iguales porque somos de una misma especie, pero a la vez, somos diferentes debido a nuestro ambiente, cultura y moral, en fin, debido a nuestra formación. Por lo tanto, no todos vamos a ser aptos para practicar el tenis, ni para ser astronauta. Tener metas, sueños y caprichos es común, la logo terapia de Frankel nos dice que es hasta saludable, pero la realidad, lo empírico, lo verídico del asunto es que perderíamos menos tiempo persiguiendo metas inadecuadas, por no decir sueños inalcanzables.
Por otro lado, las pruebas de aptitud muy bien pueden beneficiar a la sociedad a un mayor nivel, si le son suministradas con mayor frecuencia a las personas que ocupan lugares de poder y/o que son responsables de velar por la seguridad pública. Hacen unos años un policía enfurecido fue captado por un video de un teléfono celular, cuando a sangre fría le descargó su arma de reglamento a un padre de familia y ciudadano decente. Estoy seguro que esa víctima inocente y sus hijos hoy huérfanos y otras como las del caso de la Sra. Carmen Paredes, hubiesen sido algunos de los muchos que se habrían beneficiado si pruebas de aptitud se les administraran a las personas que cargan armas de fuego.

Miguel A. Soto BSW

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